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A si es, en aladino y en otros textos se habla de lo mismo. Por ejemplo en aladino le requeterecomiendan que no toque los tesoros:
“Entonces se inclinó Aladino y cogió la anilla y tiró de ella, diciendo: "¡Soy Aladino, hijo del sastre Mustafá, hijo del sastre Alí!" Y levantó con gran facilidad la losa de mármol, y la dejó a un lado. Y vio una cueva con doce escalones de mármol que conducian a una puerta, de dos hojas de cobre rojo con gruesos clavos. Y el maghrebín le dijo: ¡Hijo mío Aladino, baja ahora a esa cueva. Y cuando llegues al duodécimo escalón entrarás por esa puerta de cobre, que se abrirá sola delante de, ti. Y te hallarás debajo de una bóveda grande dividida en tres salas que se comunican unas con otras. En la primera. sala verás cuatro grandes calderas de cobre llenas de oro líquido, y en la segunda sala cuatro grandes calderas de plata llenas de polvo de oro; y en la tercera sala cuatro grandes calderas de oro llenas de dinares de oro., Pero pasa sin detenerte y recógete bien el traje, sujetándotelo a la cintura para que no toque a las calderas; porque si tuvieras la desgracia de tocar con los dedos o rozar siquiera con tus ropas una de las calderas o su contenido, al instante te convertirás en una mole de piedra negra. Entrarás, pues, en la primera sala, y muy de prisa, pasarás a la segunda, desde la cual, sin detenerte un instante, penetrarás en la tercera, donde veras una puerta claveteada, parecida a la de entrada, que al punto se abrirá ante tí. Y la franquearás, y te encontrarás de pronto en un jardín magnífico plantado de árboles agobiados por el peso de sus frutas. ¡Pero no te detengas allí tampoco! Lo atrvesarás caminando adelante todo derecho, y llegarás a una escalera de columnas con treinta peldaños, por los que subirás a una terraza. Cuando estés en esta terraza, ¡oh Aládino! ten cuidado, porque enfrente de ti verás una especie de hornacina al aire libre; y en esta hornacina, sobre un pedestal de bronce, encontrarás una lamparita de cobre(Supongo que de tanto tiempo, el cobre ya produjo su patina).”
En el Sueño verde, el protagonista se asombra de ver tanta belleza y que los demás las ignoraran y pisotearan:
“Al observar que me costaba andar sobre Lirios, Rosas, Jazmines, Claveles, Nardos y sobre una cantidad prodigiosa de las Flores más bellas y extrañas que crecían incluso en los caminos, me preguntó, sonriendo, si temía hacer daño a estas Plantas. Le respondí que bien sabía que no poseían un alma sensitiva; pero que, al escasear en mi País, me repelía pisotearlas.
Al no descubrir en toda la Campiña más que Flores y Frutos, le pregunté dónde sembraban el Trigo. Me respondió que no lo sembraban; pero habiendo cantidad de él en las tierras estériles, el Hagacestaur ordenaba tirar la mayor parte en nuestros Países bajos para complacernos, y que las Bestias comían el resto. Que para ellos, hacían su Pan con las Flores más bellas; que lo amasaban con el Rocío y lo cocían al Sol. Al ver por todas partes una cantidad tan prodigiosa de bellísimos Frutos, tuve el deseo de coger algunas Peras para probarlas (Mmmm… peeeras…); pero quiso impedírmelo, diciéndome que sólo las Bestias las comían (Pssssssssss…). Sin embargo las encontré sabrosísimas (Joder, y quien no...). Me presentó Melones, Melocotones e Higos: y no se han conocido Frutos con tan buen sabor ni en la Provenza, ni en toda Italia, ni en Grecia. Me juró por el Hagacestaur que estos Frutos procedían de sí mismos, y que no estaban en modo alguno cultivados, asegurándome que no comían nada más con su Pan.”
También se ve en las llaves del destino cuando casi le pegan a Abdalah por querer llevarse algunos tesoros:
“Y mi amo el beduíno cogió el cofrecillo y lo abrió. Y encontró dentro unos polvos rojos, y exclamó: "¡He aquí el Azufre rojo, ya Hassán Abdalah! ¡Esta es la Kimia de los sabios y de los filósofos, todos los cuales murieron sin dar con ella!" Y dije yo: "¡Tira ese vil polvo ¡oh mi señor! y llenemos mejor ese cofrecillo con riquezas de las que rebosan en este palacio!" Y mi amo me miró con conmiseración, y me dijo: "¡Oh pobre! ¡Ese polvo es la fuente misma de todas las riquezas de la tierra! Y un sólo grano de este polvo basta para convertir en oro los metales más viles. ¡Es la Kimia! ¡Es el Azufre rojo!, ¡oh pobre ignorante! ¡Con este polvo, si quiero, construiré palacios más hermosos que éste, fundaré ciudades más magníficas que ésta, compraré la vida de los hombres y la conciencia de los puros, seduciré a la propia virtud y me haré rey, hijo de rey!" Y le dije: "Y con ese polvo, ¡oh mi señor! ¿podrás prolongar un sólo día tu vida o borrar una hora de tu existencia pasada?" Y me contestó: "¡Sólo Alah es grande!"
Y como yo no estaba seguro de la eficacia de las virtudes de aquel Azufre rojo, preferí recoger las piedras preciosas y las perlas. Y ya me había llenado con ellas el cinturón, los bolsillos y el turbante, cuando exclamó mi amo: "¡Mal hayas, hombre de espíritu grosero! ¿Qué estás haciendo? ¿Ignoras que, si nos lleváramos una sola piedra de este palacio y de esta tierra, caeríamos heridos de muerte en el instante?" Y salió del palacio a grandes pasos, llevándose el cofrecillo. Y yo, bien a pesar mío, vacié mis bolsillos, mi cinturón y mi turbante, y seguí a mi amo, no sin volver bastantes veces la cabeza hacia aquellas riquezas incalculables. Y en el jardín me reuní con mi amo, que me cogió de la mano para atravesar la ciudad, temeroso de que me dejara yo tentar por cuanto se ofrecía a mi vista y estaba al alcance de mis dedos. Y salimos de la ciudad por la puerta de rubí.”
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