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¿SOS FELIZ? SEGUNDO INTENTO
CAPITULO I Hoy me doy cuenta de que toda mi vida estuvo marcada con sucesos que me trajeron irremediablemente a este punto. Pero la conciencia de que esto es así fue despertada hace 3 años cuando recibí mi iniciación. Era el primer día de un año que hacía unas pocas horas había comenzado, una mañana única. Yo leía un libro de Castaneda, “El Don del Águila”. Hacía muchos años había leído el primer libro de este autor, “Las enseñanzas de Don Juan”, en el momento más crítico de mi vida. En general hasta este libro había leído poco y nada, todo me resultaba apático; sin sabor. ¡La vida me resultaba sin sabor!. En esta instancia ya había deseado la muerte, creo que en ese libro encontré respuestas para mi espíritu; las cuales me ayudaron a seguir aguantando, sobreviviendo. Una sensación sutil de esperanza, la espera de que algo dentro de mí podía encender este ser apagado, dormido, agotado, prácticamente quebrado. Sentado sin saber lo que me esperaba en esa primer mañana del año nuevo, me alimentaba de las páginas de “El Don del Águila”, esperando calmar a mi espíritu que pedía socorro a gritos. En ese momento llega Elías y me pregunta con voz enérgica, ¿Qué hacés leyendo un libro iniciático? Enseguida lo reconocí. Unos días atrás había sido nuestro primer encuentro, tuvimos una charla corta en la cual me preguntó cuál era mi libro de cabecera. Yo respondí que quería escribir mi propio libro y si bien me encantaría escribirlo había sido una respuesta a la defensiva. No sabía quién era y por qué me preguntaba esas cosas. Me quedó la impresión, que hoy disfruto intensamente riéndome a carcajadas o simplemente escuchando sus palabras, de no saber si lo que decía era en serio o sólo un chiste desquiciado. Nuestro segundo encuentro también fue corto. Yo estaba sentado en la vereda, era una noche muy linda. Él llegó, se sentó a mi lado y me dijo que si me molestaba se levantaba y se iba. Yo le pedí que se quedara, cruzamos un par de palabras. Después yo me levanté y me fui, porque tenía un compromiso. Esa pregunta ¿Qué hacés leyendo un libro iniciático? Sería la primera de muchas en la charla que cambiaría mi vida para siempre. Parados en la vereda lanzó otra pregunta, sencilla, pero arrasadora. ¿Sos feliz? La vibración de esas dos palabras salidas de su boca entró en mí muy honda, no quise inventar una respuesta, sólo dije ¡No, no soy feliz!. Fue como estar desnudo, no había razón para disfrazar las emociones, realmente pude mostrarme totalmente desarmado. Hablamos mucho y creo que esto ya lo han oído antes, en mi interior muchas cosas me resultaban familiares; por haberlas leído, charlado con alguien o porque hay una parte de uno que ya conoce estas cosas. Recurrencia, evolución, autorrealización, y para mí el problema era cómo realizarse, todo lo que había visto o escuchado de las personas que se me habían acercado me dejaban todavía mas vacío, nada me conducía a ningún lado y las palabras no evidenciaban un cambio visible y real en quien las pronunciaba. Mi dilema era cómo continuar evolucionando sin perder el cuerpo físico y volver a empezar otra vez en un nuevo cuerpo, entonces me habló del concepto más increíble y sagrado que pueda existir. INMORTALIDAD, INMORTALIDAD completa, cuerpo y espíritu. Era la primera vez que algo me sonaba coherente, sincero, verdadero y realizable. El sueño más grande, la utopía mas anhelada por el ser humano podía llevarse a cabo. Después de unas horas de charla en la vereda me invitó a su casa con la advertencia de que, una vez que yo entrara no habría vuelta atrás, porque equivaldría a morir en vida. Créanme que sentí el peso de cada una de esas palabras, porque considero que viví mucho tiempo en un estado muy parecido sino igual. Por eso sabía que a esa altura no tenía nada que perder. Llegamos a su casa, un departamento que estaba en un primer piso. Tenía una habitación, una cocinita y un comedor grande con una ventana que daba a la calle. Me invitó a tomar mate, preparó uno para cada uno para que tomásemos cada cual a su gusto y trajo unas galletas. Tomó un papel, una lapicera y arrancó con la charla, sin duda la mejor de mi vida, y la primera de muchas que también serían cada una la mejor. Me contó sobre su condición de alquimista y de cómo nuestro cuerpo mortal de plomo se iba a transformar en uno de oro, inmortal. Vi cómo su cuerpo se iba transformando por el efecto de la gran obra. Todo era mágico, y real. Me habló sobre el camino iniciático, al cual se entrega la vida entera, una vez que se comprende que uno está viviendo una realidad ilusoria (Matrix) y se decide a salir de este estado de adormecimiento. Una vez despierta la preciosa herramienta que es la conciencia se vive solo para el camino, que es terrorífico porque las caídas y los golpes duelen mucho más, la incertidumbre es enloquecedora, las pruebas son extenuantes, rigurosas al máximo y uno se va transformando en un guerrero que acepta que cada batalla puede ser al última. Con todo esto, aunque parezca increíble, uno puede volver a dormir, aunque esto sería la muerte en vida. Me dijo que aunque hubiese cosas que en ese momento yo no entendiera con el tiempo tendrían sentido práctico si yo realizaba mi propia vivencia. Así fui iniciado en este camino tan intenso, duro, agotador al extremo de la locura, constantemente en el filo de la navaja, pero realmente único, místico, digno de un guerrero guiado por Dios. A partir de ese día fui literalmente otro, mi vida cambió por completo y empecé a dejar mi vida anterior atrás. Dejé todo lo que hasta ese momento había creído tener en mi vida, todo lo material, emocional, social, cultural que uno va acumulando creyendo que va cubrir las necesidades para llegar a ser feliz algún día. Me di cuenta que uno se tiene solo a sí mismo y lo demás es solo un peso imposible de arrastrar. Empecé a vivir para hacer algo que no había hecho hasta entonces, conocerme a mí mismo; la tarea más compleja en la que uno se puede embarcar. Empecé a leer otras cosas y sobre todo libros de alquimia que me conquistaron con sus fórmulas laberínticas, indescifrables, escritas con un espíritu iniciático totalmente nuevo para mí. Hoy continúo sin descifrarlos y creo que la intención no es hacerlo desde la lectura sino desde la práctica, comparando los experimentos con los textos y al final crear la propia fórmula. Visitaba a Elías con mucha frecuencia, disfrutando mucho de su hospitalidad, sencillez, charlas. Vimos películas y en la mayoría de los casos había un mensaje iniciático que comentábamos ejercitando la atención, la observación, la capacidad de ver que el mundo está lleno de señales y mensajes que hablan de esta realidad ilusoria. Digo en la mayoría de los casos porque una vez me invitó a ver lo que según él era la película mas elevada a nivel iniciático. Yo tenía un gran entusiasmo y él me dijo ‘preparate para lo que vas a ver’. Cuando empezó la película su risa partió el espacio, las imágenes mostraban un personaje de lo más desagradable, abusador, libidinoso, vicioso y grosero. Cuando se pudo componer de su ataque de risa por mi expresión, me habló de ‘Torrente’, una película realmente graciosa con la que hoy yo también me río hasta retorcerme. Siempre hablábamos de lo cotidiano, del día a día, de la importancia de observar atento el entorno, nuestras actitudes como iniciados en un lenguaje sumamente simple y recalcando todas las veces que se pudieran las cosas que quedaban en limpio. Una de las cosas que me quedó muy grabada fue la importancia de vivir una vida sencilla y disfrutar de una verdadera libertad, lo que no se logra fácilmente. El vacío interior que me fue devorando durante tantos años me llevó hasta el límite de mi propia existencia. Muchas veces creí morir y otras tantas lo deseé. Al principio mi cuerpo me daba señales leves advirtiéndome que lo que estaba haciendo con mi vida no le gustaba, se enfermaba y me ponía trabas. A medida que iba pasando el tiempo la intensidad de mis males crecía, a grandes pasos. Comía cada vez menos, me debilitaba, me daban ataques en los que sentía literalmente que me moría, y se repetían cada vez con mas frecuencia. Ni médicos ni brujos ni santos me supieron decir que le pasaba a mi cuerpo, entonces me aconsejaron que busque una cura para mi mente ya que la enfermedad podía tener su origen ahí. Me trataron psiquiatras, psicólogos y decidieron medicarme para poder sacarme de ese estado. Los ataque se frenaron para dar lugar a una angustia y necesidad de recuperar el tiempo perdido que me consumía de igual manera, me comportaba como un impulsivo mientras tuviera las pastillas en mi bolsillo. Mi salud seguía frágil, y si no tomaba los remedios caía en los pozos que siempre me estaban esperando. Cambiaba de doctor porque talvez no había dado con alguien que de verdad entendiera lo que me pasaba, cuando no sentía que me moría creía que estaba enloqueciendo o que la angustia me iba a sumir en una depresión hasta el final de mi vida. En medio de esta locura leí el libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Castaneda, no sabía en que apoyarme para tener fuerzas y seguir resistiendo. Me sentí identificado con el terror de las experiencias sensoriales que describe el autor y tuve esperanzas de que me estuviera pasando algo similar y en algún momento iba a pasar todo mágicamente y dejarme una enseñanza. Pero mi realidad me seguía aplastando día a día, el último diagnóstico del médico fue que el remedio para mí iba a llegar cuando por fin yo pudiera vivir de hacer lo que me gustaba, era algo que sonaba bien, un punto muy importante para mí y tal vez mi cura. Así es que dejé de hacer todo lo que no me gustaba y decidí jugarme por mi vocación aunque no fuera muy redituable. Era una forma de ser leal conmigo y a la trabajar contento para poder vivir con salud y bienestar. Me llevó unos años llegar a esta instancia y solo para darme cuenta que el vacío en mi había seguido creciendo y me estaba tragando. Ya no sabía que pensar, creía que había encontrado mi meta, que me iba a poder realizar como ser humano, que esto me iba completar. Lo que vino después fue una especie de aceptación, la sensación de que nadie me podía explicar porqué no iba a conocer la felicidad, la libertad. Estaba preso de mi propia realidad, sin poder cambiarla, en una condena perpetua. En este estado recibí mi iniciación, llevando remedios encima para poder salir a la calle. Así estuve viviendo mi vida hasta ese momento. A partir de ese gran día mi vida se transformó, dejé las pastillas y mi salud comenzó a mejorar, mi cuerpo creció y se fortaleció, mi espíritu se llenó de una energía renovada y empecé a despertar de un sueño profundo que me mantuvo tanto tiempo en la oscuridad y casi termina conmigo. El cambio más profundo fue en la percepción de la búsqueda de la meta, no más en el afuera sino en mi interior. Conocerme a mí mismo, conquistarme, vencer mis temores y debilidades. Comprender que Yo Soy mi propia meta y que mi vida está en función de ella, que mis circunstancias en el afuera como el trabajo, el estudio son sólo eso, circunstancias, medios para acercarme o alejarme de lo que quiero en la medida de cuan claro esté para mi lo que busco y que esté dispuesto a hacer para lograrlo. Antes vivía a la espera de que algún fenómeno místico tocara alguna de las aristas de mi realidad, alguna fuerza que me invadiera para así alimentar mi fe y seguir viviendo. A partir de la iniciación me vi como un ser místico viviendo una vida en la cual volcar mi propia magia, en todas las circunstancias que se me presenten, emanada de mi propia fuente de poder. Esta visión me dio una fortaleza increíble y me ayudó a cambiar mi estado anterior, me renovó por completo, pero era sólo el principio. A medida que los días iban pasando yo le comentaba mis nuevas experiencias a Elías, lo que daba lugar a una charla en la que él me compartía sus vivencias en las mismas situaciones así yo podía tener un panorama real de lo que me esperaba en el camino. Muchas veces hablamos de los sacrificios que implica vivir como iniciado, él me decía que había dejado todo por esto. Yo siempre entendía la intención de sus palabras, o al menos eso creía pero el aprendizaje profundo llegaba a través de la vivencia. Cuando me decía que había dejado todo, en mi cabeza se formaba la idea de manera muy clara, pero no tenía nada que ver con la sensación real en el momento de tomar la decisión de dejar cualquier cosa, sea lo que sea. A medida que iba viviendo y probando mis propias experiencias empezaba a darme cuenta de la magnitud real de las charlas y sobre todo del trabajo realizado por Elías. Atrás iban quedando las cosas que ya no formaban parte de mí y que se empezaban a transformar poco a poco en una carga, porque entendía que pretender arrastrar con cosas inútiles para lo que buscaba sería una tarea pesada, inservible. Las pruebas de las que tanto hablábamos comenzaron a materializarse; no es que antes no hubieran estado sino que yo las vivía como situaciones conflictivas, negativas y a partir de la iniciación las empecé a ver como una posibilidad de crecimiento, de evolución. Dejar todo lo que uno tiene para ir tras una meta que parece inalcanzable suena como una locura. Creo que muchos van a coincidir con esta idea, pero cuando la meta es la libertad, la realización, todo lo demás pasa a formar parte de un contexto que tenemos que aprender a simplificar para que nuestra propia realidad no nos esclavice. Lo que me llevó años conseguir, sin hablar de los esfuerzos y sacrificios, así lo dejé sin pensarlo. Más allá de lo simbólica que resulta la frase creo necesario agregar que parte de la cosas a las que decidí no aferrarme fueron una casa, un negocio, un vehículo, entre otras. No hay vuelta atrás, solo la mirada hacia delante y repito, esto recién empezaba. Una fortaleza inusitada me invadió, una nueva sensación de que nada me ataba, de que podía empezar lo que quisiera y nada podía detenerme. Mi fe también crecía, realmente me sentía capaz de cualquier cosa, por más increíble que pareciera, los acontecimientos cotidianos se empapaban de una visión mística que descubría sucesos maravillosos. Tal vez siempre estuvieron allí esperando ser vistos, pero recién ahora empezaba a disfrutarlos. Quizás alguien diga que sólo empecé a prestar más atención a cosas a las que antes ignoraba, si es así esto implica liberarse de las cosas que nos empañan la mente y los sentidos para poder estar atento a las señales que nos guían hacia nuestra meta, entregando la vida en este caminar. En mi caso la fe en lo mágico es lo que sostiene mi propósito, La creencia de que hay algo más que nacer, crecer, reproducirse y morir. Mis lecturas de alquimia eran cada vez más desconcertantes, un sendero oscurecido por fórmulas indescifrables para mí. Hacía apuntes con cuadros, círculos, esquemas que poco y nada aclaraban los escritos. Elías solo me decía que si leía utilizando la mente nada iba a lograr, así que debía utilizar el corazón tal y como lo había hecho para tomar otras decisiones, pero no resultaba nada fácil. Era porque tenía que trabajar sobre mí, empezar a conocerme para darme cuenta cuándo usaba mi mente y cuándo mi corazón. A medida que me auto observaba notaba que prevalecía la charla de mi mente sin parar, aferrada siempre a los modelos viejos de mí mismo, ahogando el dictado del corazón. Bueno, dije, tengo que callar la mente, eso es todo. Pero eso no era todo, resultó que callar mi mente no era sencillo, me esforzaba mucho y no lograba nada, siempre había algo dando vueltas. Probaba muchas cosas pero parecía que siempre me enfocaba en algún pensamiento. Entonces los dejaba fluir, que estuvieran y hablaran todo lo que quisieran y yo los miraba y escuchaba como si fueran una película. Muchas veces pasaba mucho tiempo hasta que al fin lograba un claro entre tantas imágenes y voces, pero también era positivo poder verme desde otro lugar, sin interferir y sin especular, aprendiendo a conocer como funcionaba mi mente, cuáles son los modelos que quería cambiar y descubrir la sutilidad del momento en que actúa el corazón con su intuición inequívoca. La ruta que señala el corazón es segura, no liviana o sin esfuerzo, y esta seguridad no implica que la mente no se rinda o que no encontremos la forma o la fuerza para llegar en nosotros mismos. Por eso es importante conocer nuestras propias debilidades, luego trabajar para superarlas. Elías siempre me decía que no había preparación que alcanzara para la realización de la Obra Alquímica, tampoco alcanzaban las ganas ni la fe. Había que ir mas allá de uno mismo, convertirse en otro ser. Al principio yo creía haberme convertido en otro ser, mi vida había cambiado totalmente con mi iniciación, había encontrado un sentido, una meta a la cual entregar mi vida. Mi conocimiento se enfocó en el camino iniciático, ya no temía dejar ni perder nada aunque fuera lo que mas quisiera o me gustara, sea un objeto o una persona. Aceptaba las circunstancias como pruebas, a la paciencia, la tolerancia, a la esperanza, la fe, los sentimientos, los pensamientos, los temores... aceptaba vivir en cualquier parte, trabajar de cualquier cosa, comer lo que sea. Todo formaba parte de lo mismo, la elección de ser libre para realizar mi meta y aceptar las consecuencias del camino, la incertidumbre de no saber cómo caminarlo, la desesperación por dar aunque sea un paso, la impotencia por no saber superar tus debilidades, la locura por sentirte perdido en la absoluta oscuridad de tu mente quebrada, la muerte en vida. Si todo esto no alcanzaba entonces qué? Aunque parezca un insensato debo decir que me alegra compartir con Elías la seguridad de que todo lo que había cambiado en mí... NO ALCANZABA para emprender semejante travesía. Para convertirse en otro ser, uno debe alcanzar un nivel de conciencia que le permita observar en cada instante de su vida que cada pensamiento, sentimiento, palabra, obra, respiración, risa, llanto, gesto, mirada, abrazo... está embebido del espíritu del camino, que no hay nada que podamos ser o hacer que no esté ligado íntima y absolutamente con la meta que nos trazamos. Estar constantemente alerta ante cada circunstancia, tratando de ver si en cada instante estamos conectados con el espíritu que queremos alanzar para poder comportarnos como se debería, sin que esto sea algo natural, nos sumiría en una ansiedad que nos terminaría enloqueciendo. En tal caso si fuera natural no nos costaría ningún esfuerzo, pero llegar a ello conlleva una gran preparación en todos nuestros aspectos, mental físico y espiritual, una disciplina que obviamente supera cualquier otra a la que hayamos encarado, una entrega impensable sin especulación, en fin, creo que todas las palabras que pudiera agregar no alcanzarían a enunciar la idea por que evidentemente a mí me falta mucho por recorrer para describir este concepto con claridad. Pero cuando yo recobré mi vida que creí perdida, tras la iniciación me sentí otro. Había poder dentro de mí, una vibración que me elevaba el espíritu, un cuerpo que quería absorber toda la fuerza de la energía que emanaba del camino nuevo, una mente que empezaba a mirar con esperanza hacia delante. Realmente me sentía muy bien, capaz de arremeter contra cualquier cosa... y ese fue mi error. Yo sentía la urgencia del principiante por lo nuevo, por comenzar a descubrir la magia y la magnitud de la Obra Alquímica, tenía un hambre colosal. Pero a lo que me iba a enfrentar un tiempo después resultó ser algo de magnitudes inimaginables, algo fuera del alcance de todas mis ganas y mis fuerzas.
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